Corrupción e impunidad

30 de julio de 2019

Para nadie es un secreto que la impunidad con la que operaban gran parte de las autoridades en los tres niveles de gobierno llevó a escandalosos e indignantes casos de corrupción, no conformes con recibir exorbitantes sueldos, derrocharon su creatividad para desviar los recursos que supuestamente deberían administrar y cuidar, sin embargo, inventaron los “moches” diezmos” “estafas maestras” “triangulaciones” “empresas fantasmas” “facturas apócrifas y una infinidad de truculentas mañas para quedarse con la mayor parte de los recursos a su cargo.

Con el paso del tiempo cada vez mayores cantidades del erario eran desviados a cuentas particulares, con la complacencia de quienes se supone deberían fiscalizar el uso de esos recursos, situación que solo se explica por la participación de tan jugosos negocios.

Sin embargo, la corrupción no solo se enquistó en los altos niveles de gobierno, muchos empleados, también buscaros la forma de medrar a costa de los recursos públicos, desde la compra y venta de plazas burocráticas hasta la sustracción de bienes y equipo, o el cobro de trámites y la agilización de los mismos  sin faltar  la muy socorrida costumbre de hacer lo menos posible del trabajo que les corresponde.

Así las cosas, los mexicanos nos hemos acostumbrado a criticar la corrupción de los demás, pero sin desaprovechar la oportunidad de recibir un beneficio cuando se presta la ocasión, para ello se busca, el “palancazo” la “recomendación” el “empujoncito” o como dicen los policías de vialidad “correrle la atención” que no es otra cosa más que buscar la ayuda para cobijarse en la impunidad contra los actos de corrupción.

Este es el contexto en el que el gobierno de la 4T le toca llevar las riendas del país, y precisamente la lucha contra la corrupción fue  uno de los pronunciamientos de campaña que más votos le generó al actual Presidente López Obrador sin embargo una verdadera lucha contra la corrupción implicaría investigar y castigar a miles y miles de trabajadores que en menor o mayor medida incurren en actos de corrupción y lo que es peor, de manera cotidiana, así que la famosa lucha contra la corrupción, pasará a ser una más de las promesas incumplidas de la 4T.

Y ya que hablamos de corrupción, impunidad y de la 4T, parece que cometer delitos ya no será castigado por las autoridades correspondientes, me explico: hace días vimos como un pequeño grupo de maestros tomó las instalaciones de la USET para exigir una serie de absurdos planteamientos, hasta que fueron desalojados por la fuerza pública, así mismo hemos sufrido las consecuencias de la invasión de transportistas a la capital del estado, obstruyendo el libre paso y todo tipo actividades afectando gravemente la economía  de cientos de ciudadanos, por otra parte, se anuncia la reincorporación de maestros que fueron cesados por oponerse a la evaluación de la pasada reforma educativa y por abandonar sus labores docentes, de igual forma, hemos soportado los bloqueos, saqueos y destrozos de la normalistas apoyadas por grupos de vándalos que supuestamente vienen de otras escuelas normales

A nivel nacional la situación es aún más preocupante, los grupos del crimen organizado han perdido totalmente el respeto a las autoridades a diario se registran violentos enfrentamientos con los cuerpos policiacos, donde efectivos de las diversas corporaciones resultan muertos o heridos, incluso, miembros del Ejercito Mexicano quienes hace algún tiempo fueron garante de confianza y seguridad, ahora son secuestrados, humillados, golpeados y canjeados como cualquier mercancía a cambio de impunidad para los delincuentes.

Todos estos sucesos que nos indignan y alarman, tiene un común denominador: son cometidos de manera tumultuaria, así es, se puede robar, destruir, bloquear, invadir, extorsionar, secuestrar y cometer cualquier otro delito con la condición de que sea en grupo, de esta forma  la autoridad en lugar de aplicar la ley, busca el diálogo, la concertación, el arreglo y los delincuentes, muchas veces disfrazados de luchadores sociales, tienen el cinismo de exigir que se cumplan sus demandas.

Ante este panorama, el mensaje del Ejecutivo Federal es una rotunda negativa al uso de la fuerza, la “Republica Amorosa” se empeña en imponer el orden con piropos, promesas, rosas y claveles, mientras los delincuentes cada día están mejor armados y son más agresivos y descarados.

Con toda justicia la ciudadanía exige mayor seguridad, pero ¿qué policía, por muy bien pagado que este, se va a enfrentar a los delincuentes sabiendo que no tiene ninguna protección legal? Mucho menos se va a enfrentar a grupos  encabezados por  “luchadores sociales” que buscan el menor pretexto para auto declararse mártires del gobierno y denunciar supuestas represiones y violaciones a sus Derechos Humanos.

Creo que es momento de llamarle al pan, pan y al vino, vino, la finalidad de la fuerza pública es mantener el orden e impedir que se cometan delitos, para ello se vale de los medios que les permitan contener y neutralizar a quien adopte conductas delictivas y por otra parte, cometer un  delito tiene como consecuencia un castigo que debe aplicarse.

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