Inseguridad, delincuencia y familia…

12 de agosto de 2019

Sin duda el incremento en los niveles de inseguridad que en los últimos días se han registrado en el estado de Tlaxcala, deben ser tema de acciones inmediatas por parte de las autoridades, y es que cada vez son más frecuentes los hechos violentos que se registran en lo que  hace poco fueran ciudades y pueblos totalmente tranquilos y seguros.

Es por ello que en las diferentes encuestas publicadas a nivel nacional, la inseguridad se cataloga como el problema número uno en la percepción de la ciudadanía.

Y es precisamente la ciudadanía quien exige a las autoridades acciones que tiendan a brindar seguridad a la población, demanda justa en un ambiente cada día más violento, sin embargo, cabe preguntarnos, ¿Cómo sociedad en su conjunto, cuál ha sido nuestra aportación para prevenir la escalada delictiva en nuestro entorno más cercano?

Hace poco leía en Facebook un meme que decía: “La delincuencia se incrementó cuando se les quitó la autoridad a padres y maestros” y efectivamente, los dos pilares que por años sostuvieron las columnas de la ética y la moral, fueron los maestros en la escuela y los padres en la familia, quienes a su manera, y aún con métodos hoy criticados por psicólogos, pedagogos, y defensores de los derechos humanos, educaron a generaciones y generaciones de buenos ciudadanos quienes a su vez participaron en la construcción de un país, un estado y una comunidad que hasta hace poco era totalmente segura.

Pero la esencia moral de ambas instituciones se comenzó a resquebrajar cuando los maestros perdieron su vocación de servicio y se convirtieron en mercaderes de la instrucción y los padres y madres de familia de dejaron el rol de autoridad para imponer medidas disciplinarias que formaran el carácter de los hijos en el contexto de la sana convivencia y el respeto a las personas y propiedades además, dejándose  llevar por la forma fácil de criar a sus hijos desentendiéndose de ellos y permitiendo que su autoridad fuera rebasada, en muchos casos hasta con la complicidad de las propias autoridades.

Debo aclarar que si bien hay muchas honrosas excepciones, en su mayoría maestros y padres de familia dejaron de representar la autoridad, orden y disciplina con la que en otros tiempos se formaba a los niños y jóvenes.

Ahora, es frecuente escuchar a profesores que se quejan porque los padres de familia sobreprotegen a sus hijos y hasta amenazan a los maestros que se atrevan a corregir y mucho menos castigar a sus hijos por las conductas agresivas,  antisociales y hasta delictivas en las que incurren.

Por su parte, muchos padres de familia se lamentan por la indiferencia, irresponsabilidad y falta de vocación y ética de los maestros en los diferentes niveles.

Sin embargo, ambos son en buena parte responsables de la descomposición social que alimenta las conductas delictivas.

En este contexto, los jóvenes, que crecen sin ningún respeto a la autoridad, tampoco miden el alcance de sus acciones y fácilmente toman la vía de la delincuencia para satisfacer sus deseos de dinero y poder, excelente materia prima para convertirlos en miembros  de sus organizaciones delincuenciales.

La falta de respeto o cuando menos temor a la autoridad nos lleva a extremos como los constantes robos al tren que se registran en la zona de Huamantla-Ixtenco- Lázaro Cárdenas, donde la población entera  participa en el saqueo y posterior venta de mercancías allí, la edad no es impedimento para obtener ganancias ilícitas, desde pequeños los futuros delincuentes son utilizados como halcones, mandaderos, correos y mercaderes de las mercancías robadas.

¿Cómo entonces podemos exigir seguridad?… Queda la pregunta para la reflexión…

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